Cuando cierro los ojos, veo a esos enormes animales que entran y salen nadando de mi campo de visión hacia el azul oscuro de abajo; las mismas criaturas que acabaron convirtiéndose en la obsesión del ambiguo narrador de Melville, "y entre las insensatas vanidades que me impulsaron hacia mi propósito, flotaban, allá en lo más recóndito de mi alma, de dos en dos, interminables procesiones de ballenas". En mi propio e incierto viaje, mi objetivo era descubrir por qué yo también estaba obsesionado por la ballena, con la expresión de desamparo en el rostro de la beluga, con la imponente aleta de la orca, con las insistentes imágenes que aparecían en mi cabeza. Como Ismael, me veía arrastrado de vuelta al mar, temeroso de lo que albergaban sus profundidades pero también eternamente intrigado.

Leviatán o la ballena
-Philip Hoare-

jueves 17 de noviembre de 2011

40 grados a la sombra


Cuando el viento levanta las faldas de la giganta Marilyn dejamos de ver el sol.

Y no nos importa.
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La imagen es sugerencia de Ximens, Sherlock de gigantes

4 gigantes han regado este cactus:

  1. Genial.... puedo imaginarlo.... jajaja

    Tengo otra imagen para vos, ya te la mando...
    Un beso

    ResponderSuprimir
  2. jajjajajajjajaja, genial, jajjajajjaja

    me recuerda a cierto micro, jajajjajjajaja

    ResponderSuprimir
  3. No me extraña, es... Marilyn, estos gigantes tienen buen gusto.

    Besitos

    ResponderSuprimir
  4. Jeje, aquí habrá que decir "Todos los gigantes sois iguales, siempre pensando en lo mismo". Pero es verdad, un día sin sol es por la falda de Marilyn. Aquí, en Madrid, por color debe ser se su abuela.

    ResponderSuprimir

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