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| Paul Villinski |
Cuando el gigante quiere jugar a cazar mariposas, da una patada contra el suelo y, de un manotazo, agarra cuatrocientas mil.
De igual modo, cuando el gigante quiere jugar a conseguir sonrisas o besos o caricias, da una patada contra el suelo y, de un manotazo, logra agarrar un buen puñado de tierra, llena de gusanitos amarillos que se retuercen para mirar su cara de desconcierto.
Entonces ella, claro, le besa.

Y con este beso que aún no sé de dónde ha salido hacen cien gigantologías (publicadas aquí, que alguna más vuela por ahí sujetando puentes, tratando de bajar persianas, inútilmente, definiendo el verdadero sentido de las bellotas...). En fin, que ahora no sé si hacer otras cien o irme a dar la vuelta al mundo o hacer doscientas enanologías para compensar tanto exceso.
ResponderSuprimirMmmmm, vaya, creo ya se me está ocurriendo otra.
(Y nada, que gracias por leer y todo eso).
Pedro, hoy me ha gustado más tu comentario que el propio micro. Eres un mago del exceso, de la gigantología, y del amor. Un abrazo.
ResponderSuprimir¿No va siendo hora de publicarlas?
ResponderSuprimirEntre todas las opciones posibles, sin duda, esa sería la mejor.
¡¡¡¡Felicidadessssssssss!!!
Besos,
abrazos,
puentes,
persianas,
bellotas...y lo que sea.
YO estoy con Desa Pedro. Plantéatelo, haces una selección, los juntas y... yo creo que en un futuro se hablará de tus gigantes.
ResponderSuprimirY además ni uno solo de los textas es banal... ni uno.
Abrazo y enhorabuena por esos cien gigantes, qué rápido ha pasado el tiempo.
Buen modo de salir airoso, Pedro.
ResponderSuprimirSaludos cordiales