Cuando uno consigue un número redondo de lo que sea, se cree que ha llegado a alguna parte. Yo acabo de llegar a cien microgigantes y estoy deseando hacer el número ciento uno para dejar de tener tentaciones. Pero, en lugar de escribir, esta noche me he puesto un poco tontorrón -en fin, entiéndanlo- y me ha dado por releer algunos de esos textos. Me he encontrado con la grata sorpresa de que varios de ellos aún me gustan, así que me ha parecido bien desempolvarlos un poco.
(El primero es el primero que hice. El segundo también es el primero).
Estragos con luz de luna
Un gigante subido a hombros de un gigante que subido a hombros de un gigante que subido a hombros de un gigante se propone conectar el mundo con la Luna. Varios meses de esfuerzo y un día, apenas cuando alcanza a tocar las primeras nubes, la base de la columna cede y arrastra gigante sobre gigante contra el suelo. Jalea gigante de decepción, pero en el cielo colgado de un jirón de nube, aún -aunque a merced del viento- un gigante.
Paisaje interior de gigante
Él celebra dieciséis, pero ochenta y uno son los que se cuelgan de sus arrugas. Y aunque han secado su cuerpo ocho décadas, ella lo recibe recién cumplidos los quince. Se citan en un agujerito resguardado con vistas al ventrículo izquierdo. Pasan sus días cruzando puentes que sortean la vía rápida, congestionada y aorta. Escuchando los flujos del mundo subacuático y los reflujos se entusiasman. En mayo, tienen planeado comprar un pez de aguas calientes para echarlo a volar.
Se han declarado magia.
Mirándola pasar
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| Joaquín Sorolla |
Hoy los gigantes no van a seducir a las chicas del pueblo que vuelven por el camino largo con cestas repletas de colores y perfumes de la tierra. Hoy no van a cantar suavecito, ni a mover el viento alrededor de sus faldas, ni a golpear el suelo para hacerles cosquillas debajo de los pies. Se van a quedar quietecitos, como colinas distantes, mirándolas pasar, mientras ellas se alejan con la risa, con la punta de la lengua sabrosa y desafiante diciéndoles adiós, buenos días; no vengas, ay, ven.
Desde siempre los hombres
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| Vladimir Kush |
Eran lectores de cuentos y en esas páginas las habían soñado desde niños. Martín, Restrepo, el Chino Gómez y Algodón de Azúcar pasaban las tardes junto al Puente de los Zapatos de Tacón, juntando cervezas y charla y desahogos y confidencias. El puente era obra de los abuelos. Creían que construido con esa sugerencia despertaría el interés de alguna giganta de tobillos finos y piernas que llegaran hasta el cielo, bellísimas. Desde siempre los hombres se sentaron allí a esperar, consolándose a la caída de la noche entre las piernas cortas de la Casa de Sasha, que se meneaban hasta el amanecer a cambio de un par de lingotazos y el jornal de media semana. Es lo que tienen los cuentos, no dicen toda la verdad. Martín y los otros ya podían esperar inventando brabuconadas junto al río teñido con el reflejo de la madera pintada de rojo, que ninguna giganta iba a picar el anzuelo. No existen las gigantas caminando en zapatitos de tacón por la áspera piel de las montañas o la hierba del valle, ni resbalando sobre la fría lengua del río o la sensualidad viscosa de los fondos marinos. Ellas van descalzas.



Plas, plas, plas...En pié.
ResponderSuprimirBesos desde el aire
Descubrirte ha sido un goce, un placer infinito, un zarandeo del alma, lo que escribes es pura belleza, pura imaginación de gigantes y de hombrecillos. Mi enhorabuena y felicidades por tus 100 maravillas. Me han encantado todos porque no los había leído hasta ahora. Espero que cumplas mil. Un abrazo.
ResponderSuprimirTodos muy buenos. Seguro que tienes más de igual belleza. Me acuerdo ahora del Faroni del 2009. Me encantó, como estos que presentas hoy y que no conocía.
ResponderSuprimirSeguiremos buceando en estos 100 a la espera de los siguientes 100.
Felicidades
Enhorabuena y cien velas enormes para que soplen los gigantes.
ResponderSuprimirAbrazo
A la de una, a la de dos, a la de cien!!!!!!!!!
ResponderSuprimirInsisto en la publicación.
Je je
;)
Enhorabuena por ese número redondo y por tus magníficos textos, Pedro. Un abrazo, y a por más.
ResponderSuprimir¡Enhorabuena! Un logro para disfrutar.
ResponderSuprimirEnhorabuena por las 100 entradas!! Fabulosos estos micros. Y ahora, a disfrutar del resto que me falta leer.
ResponderSuprimirUn saludo.
Cada vez que veo a tus gigantes tengo que tomarme unas pastillas contra el mareo. ¡Mira que me dan vértigo!
ResponderSuprimirFeliz cien gigantólogos.
Abrazos chiquitos.
Enhorabuena por esos cien.
ResponderSuprimirBesitos
De parte de los gigantes que gracias a todos por los cariños. Ellos siguen a sus cosas y yo os iré contando... las que me dejen.
ResponderSuprimirAbrazos!!!
Pues enhorabuena por esos cien gigantes, que uno encima de otro, para mí, ya te han alcanzado el cielo...
ResponderSuprimirMi regalo: te publicito en facebook.
Y... sigue, sigue, no pares.
Felicidades!!! Y yo que hacía sin venir por aquí???
ResponderSuprimirTe añado ahora mismo a mis favoritos y ya no se me olvida más.
Un abrazo... pues eso, GIGANTE
Felicidades Pedro,
ResponderSuprimirno todos los días se cumplen cien microgigantes (yo no conozco a nadie más que lo haya logrado, aunque eso tampoco es decir mucho ¿verdad?). Lo que sí es cierto es que me encantó cada uno de los que te leí y además acabo de enterarme de que me quedan muchos microgigantes que descubrir para cuando tenga un hueco. Una noticia feliz :-)
Tirón de orejas gigante y abrazos
¡Enhorabuena por tus excepcionales gigantes! Realmente buenos.
ResponderSuprimirUn saludo.