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| Bruno Torfs |
La giganta nunca está donde se la espera; no puedes verla. Lo intentas, y confundes un rayo de sol con su pelo, o un rayo de luna con la curva de su espalda. Dirán que la vieron alimentar a los pequeños de una aldea. Dirán que se la llevaron de la mano hacia lo oscuro. Dirán... ¡Que digan! ¡A la giganta no puedes verla! No es montaña, ni árbol, ni trueno, ni huracán, ni tempestad de estrellas. Ni crecimiento de una hoja, ni gota que se evapora. No puedes verla.
(Pero hay días en que todo amanece diferente, y cómo te cambia la vida cuando ella sigilosamente).
¿Adivino que has logrado ver a la gigante? ¿Es distinto este día? ¡Qué suerte tienes!. Un abrazo.
ResponderSuprimirPero si sentirla...Sobre todo la belleza que deja en tus letras.
ResponderSuprimirBesos desde el aire
Nadie puede verla, Mar, pero a veces tengo la sensación de que el día podría ser distinto.
ResponderSuprimirQue ya es mucho, Rosa.
Abrazos!!
Tus textos siempre van más allá, pero este se adentra en lo inasible, me ha encantado...
ResponderSuprimirAy esos días y qué rápido pasa la sensación si te descuidas...
Abrazo
Cierto, hay días que...
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